A los 12 años sentí que desmembraban mi vida: relato de abuso sexual en Farc

Ante la Comisión de la Verdad, víctimas de reclutamiento y violencia reproductiva, contaron sus testimonios.

La Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad escuchó a quienes fueron víctimas de violencia reproductiva en el marco del conflicto armado interno. Durante un par de horas, hubo un diálogo en el que se tuvo en cuenta el impacto y las dimensiones en la vida de las niñas, mujeres, mujeres lesbianas y personas transgénero, cometidas por la fuerza pública y el Estado, también los grupos armados al margen de la ley.

Luz López fue víctima de reclutamiento forzado, abuso sexual y aborto forzado; con valentía, hoy dice que trabaja con niños a quienes también la guerra les fragmentó su vida y relata lo que sucedió cuando tuvo que pasar por ello cuando apenas tenía trece años y miembros del Bloque Oriental de las Farc la reclutaron cuando llegaba a su colegio y se la llevaron.

“Nunca deseé ser guerrillera o estar en un grupo armado, pero fue lo que me tocó por la coyuntura en un país y el abandono estatal. Teniendo 12 años y medio me llevaron a las filas de las Farc. Allí comienzó el suplicio porque se pierde la libertad. Se pierde la voz de un niño y e día tras día se ve cómo se difumina la vida en la oscura montaña, cada atardecer se pierde la vida”, relató.

Como si no fuera suficiente, contó lo que vino después de estar con unas botas en el monte y los vejámenes. Dijo que, aunque en este momento se ha querido “romantizar el reclutamiento”, es algo que no se puede negar, porque al menos, en su caso, tuvo que vivirlo en carne propia.

“Me dejó secuelas como la coacción del abuso sexual, donde sin haber comenzado una vida sexual en La Macarena, Meta, en una enfermería rudimentaria con lo poco que tiene una organización, nos hicieron implantes de dispositivos intrauterinos, todavía era una niña, todavía era virgen. Sentir cómo con pinzas halaban mi cuello uterino, cómo sentía que desmembraban cada parte de mi vida, cómo sentía que arruinaban la vida de una niña por causa de un conflicto del que yo no era culpable”, contó.

“La guerra tocó las puertas de mi casa; no me pidió el permiso y el consentimiento para llevarme”, fue la frase con la que enmarcó una sin salida, y ahora, tener que recordar, muchos años después, por primera vez en público, eso que no fue un crimen con una sola niña, sino con centenares en sus misma situación o peores condiciones.

“Cuando fueron a cometer esta barbarie no me dijeron: ¿quiere implantarse la T intrauterina? No, es una orden, tienes que hacerlo. Había más mujeres al lado mío, y no puedo decir que duró 15 o 20 minutos el procedimiento; tal vez fueron cinco donde mi vida se desmoronó en mil pedazos al sentir que desgarraban mis vísceras, sentía que halaban. Mi cuello uterino era tan frágil que se desprendía de las pinzas. Duré ocho días sin poder caminar, no hubo fármaco para mitigar el dolor”, expresó.

Y “como ya podía tener relaciones sexuales”, estando en el monte, cuenta que los hombres intentaban sobrepasarse con ella, ejerciendo un uso de mando a través de la coacción, pues dijo que para ellos “una niña es un trofeo”, “yo no puedo decir que me colocaron una pistola, pero sí hubo una presión psicológica; no era ese momento como una mujer lo sueña, un momento bonito, sino las manos de un hombre ruin que recorren tu cuerpo: es un abuso; mi cuerpo es un territorio privado, yo puedo decidir si lo pueden tocar o no”, añadió.

“Si la guerra de por sí es cruel, cuando esta decide vincular a los niños y a las niñas, ya no queda un rastro de humanidad”, concluyó su testimonio.

Y la violación múltiple cometida por los paramilitares. Una mujer sobreviviente de la guerra contó su testimonio de lo que pasó en su cuerpo que convirtieron en instrumento desde los 15 años cuando treinta hombres abusaban de ella.

“Me pegaban muy fuerte, me mordían, abusaban de mí de forma vaginal, anal y oral muchos hombres, y me decían que si no lo hacía, me mataban, se burlaban de mí cuando me obligaban a hacerlo. La consecuencia de este acto fue mi salud tanto física y mental. Intenté quitarme la vida, tengo secuelas muy fuertes, se me presentó una estrangulación en la glándula tiroidea por el maltrato que recibí en la garganta, ya que ellos me intentaron ahorcar”, contó.

“Casi pierdo mi voz, no puedo leer en voz alta porque se me va la respiración. Mi parte vaginal me quedó que prácticamente no servía, me hicieron una cirugía en el útero ya que me lo dañaron con la penetración. Mi parte anal es la más afectada del cuerpo. Hay veces que no puedo controlar el excremento y se me sale; estoy esperando un especialista que no lo hay en la costa. Todo esto a causa de la terrible violación que me causó este grupo paramilitar. No puedo controlar mi llanto porque me parece muy duro enfrentar esto”, agregó.

Mientras tanto, otra de las violencias expuestas ante la Comisión de la Verdad, estuvo enmarcada en las consecuencias a propósito de la aspersión de glifosato. La historia de un hombre que relató lo que le pasó a su esposa.

Vivía con su esposa y sus dos hijas y un día, llegó a la finca, y le contó que cuando ella estaba lavando ropa, se asustó por el ruido de aviones que pasaron a corta distancia, ella no alcanzó a resguardarse, y le cayó el glifosato.

La sintió enferma, la llevó al médico y le dijo el doctor que tenían que hacerle un legrado por su estado de salud. Ella tenía solo 27 años y en un hospital de Cali murió.

Su hija pidió que no haya más fumigaciones, y que “el Estado no se haga el que no es como con ellos, porque en sí, es a un pueblo al que están dañando”, dijo.

Gerson Arias, director para el diálogo social de la Comisión de la Verdad, dijo que el objetivo de estas escuchas es una oportunidad para la no repetición y que sea posibilidad para llamar a la reflexión, y demostrar que estas violencias son una forma para conocer los horrores de la guerra.

“Hacemos un llamado a los responsables para que aporten la verdad sobre estos hechos. La sociedad y muchas víctimas que están en todos los rincones del país, están esperando su reconocimiento de responsabilidad por estos hechos; los espacios de escucha requieren un acompañamiento Psicosocial para que las víctimas puedan hablar, por eso la Comisión garantiza un acompañamiento a través de su equipo para que su participación sea significativa y no sean revictimizadas”, dijo.

Catalina Martínez Coral, directora regional para América Latina y el Caribe del Centro de Derechos Reproductivos, indicó que se presentó un informe en el que se analiza de forma integral las modalidades de violencia reproductiva en el marco del conflicto, y aseveró que entre otras, se puede destacar la anticoncepción forzada, que refiere al uso de métodos usados obligatorio de anticonceptivos principalmente ejercida en las Farc, el Ejército Revolucionario Guevarista, y en las Autodefensas Campesinas del Casanare.

Asimismo, la esterilización forzada, privando a las mujeres de reproducirse de forma permanente, e hizo referencia a casos donde las víctimas fueron mujeres de la población civil y ejercidas en los hospitales donde los paramilitares tenían influencia, por ejemplo, en el Magdalena. De otro lado, los embarazos forzados o coaccionados que consisten en que luego de haber dejado en embarazo a una mujer a través de la violación, ella es obligada a continuar con la gestación; y las maternidades forzadas.

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